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Dad gracias al Dios del cielo, porque es eterna su misericordia

domingo, 30 de septiembre de 2012

En el corazón del Padre

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El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad..(Sal.15)

                                                                      así dice el Salmo 26...:

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.



y (sal.15) Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha
        
   (gracia de Dios )              
    

y la promesa en el Sal 68.

Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas.

El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará, 
los que aman su nombre vivirán en ella


                                                                                                                                             
              
    ¡La Victoria es de  
nuestro Dios!    

                                              

Al morir, pasamos por la 
muerte a la inmortalidad 

.....a reinar por siempre. No es ciertamente una salida, sino un paso y traslado a la eternidad. Y el que ha de llegar a la morada de Cristo, a la gloria del reino celeste, no debe llorar sino más bien regocijarse de esta partida y traslado, conforme a la promesa del Señor (Jn 17,24) y a la fe en su cumplimiento (Filp 3,20-21). 

                                            

Pues nosotros tenemos por patria el paraíso
(Filp 3,20; Heb 11,13-16; 13,13) 
.
...y por padres a los patriarcas. Nos esperan allí muchas de nuestras personas queridas, seguras de su salvación pero preocupados por la nuestra. 

¡Qué alegría tan grande para ellos y nosotros llegar a su presencia y abrazarlos! 

Allí está el coro glorioso de los apóstoles, el grupo de los profetas gozosos, la innumerable multitud de los mártires coronados por la victoria, las vírgenes que triunfaron en el combate de la castidad, los que socorrieron a los pobres, transfiriendo su patrimonio terreno a los tesoros del cielo.

 ¡Corramos, hermanos amadísimos, con insaciable deseo tras éstos, para estar enseguida con ellos!
 

  


                                                                                                 

La resurrección «en el último día», al final de la historia y en presencia de todos los hombres,manifestará la «comunión de los santos». 
El cristiano, que ya vive resucitado, vivirá plenamente su resurrección en la comunión del Reino, gozando con los hermanos que vivieron la misma fe en Cristo.
La muerte no ha tenido el poder de separarlos. 
En el Cuerpo glorioso de Cristo, a quien le unió el bautismo, el cristiano encuentra a sus hermanos,
miembros con él del «Cristo total» (S. Agustín). 

Cristo «es la resurrección y la vida» (Jn 11,25). Quien se une a Cristo, es conocido y amado por Dios y tiene, por tanto, «vida eterna» (Jn 3,15): 

«Pues tanto amó Dios al mundo, 
que dio a su Hijo único,
 para que todo el que 
crea en El no perezca, 
sino que tenga vida eterna» 
(Jn 3,16.36; 5,24).

Está dictada sentencia: toda rodilla se doblará ante Dios...y dirán, verdaderamente el Señor es Dios. Suyos son el poder y la Gloria.

                                                                     

Bienaventurados los pobres de
espíritu porque de ellos es 
el Reino de los Cielos...

Sólo Dios puede medir el abismo de bienaventuranza 
q
ue regala a sus fieles, porque sólo 
El 
se comprende a sí mismo. 

Nosotros  
sólo podemos intentar sugerirla en imágenes y comparaciones que proceden 
de 
la alegría  
terrena. 
Pero todas las imágenes y comparaciones no pueden pasar de confesar: 
"Ni el ojo 
vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente 
del hombre  
lo que Dios
 ha preparado
 para los que le aman" 

(/1Co/02/09)

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Nos introduce así en el cielo con estas palabras:

San Gregorio Nacianceno
Sermón 7, en honor de su hermano Cesáreo 23-24
¿Qué es el hombre para que te ocupes de él? Un gran misterio me envuelve y me penetra. Pequeño soy y, al mismo tiempo, grande, exiguo y sublime, mortal e inmortal, terreno y celeste. 

Con Cristo soy sepultado, y con Cristo debo resucitar; estoy llamado a ser coheredero de Cristo e hijo de Dios; llegaré incluso a ser Dios mismo.
pues.... esto deseamos....

S. Pablo en 2ª.Cor.5, dice:

" 
1 Porque sabemos que si esta tienda, que es nuestra morada terrestre, se desmorona, tenemos un 
edificio que es de Dios: una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos.

Y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste,"......


El pobre de espíritu, el humilde, el pacífico es el que ha comprendido que todo 
cuanto existe, todo cuanto él es y tiene le viene de Dios. Dios es el dueño y Señor 
de todo......
Es pobre porque comprende que no tiene nada que no haya recibido
y reconocer esto, aceptándolo, ciertamente es lo que hace el humilde cuando su 
Vida toda la pone en manos de Dios.
                                
                   Sólo Dios salva, sólo Dios basta.


 ¿cómo, pues,  será?

San Anastasio de Antioquía lo explica así:

Siendo así que el cuerpo del Señor resucitó de una manera espiritual, ¿será necesario insistir en que, como afirma san Pablo de los otros cuerpos, se siembra un cuerpo animal, pero resucita un cuerpo espiritual, es decir, transfigurado como el de Jesucristo, que nos ha precedido con su gloriosa transfiguración?
El Apóstol, en efecto, bien enterado de esta materia nos enseña cuál sea el futuro de toda la humanidad, gracias a Cristo, el cual transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Si, pues, esta transfiguración consiste en que el cuerpo se torna espiritual, y este cuerpo es semejante al cuerpo glorioso de Cristo, que resucitó con un cuerpo espiritual, todo ello no significa sino que el cuerpo, que fue sembrado en condición humilde, será transformado en cuerpo glorioso.
Por esta razón, cuando Cristo elevó hasta el Padre las primicias de nuestra naturaleza, elevó ya a las alturas a todo el universo, como él mismo lo había prometido al decir: Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.
R/. Los que están en el sepulcro oirán la voz del Hijo de Dios: Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan
hecho el mal, a una resurrección de juicio.
V/. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, 
                               
                       al toque de la última trompeta, los muertos despertarán.


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Así, pues...

Todo cuanto hemos visto, dicho y oído pierde pronto su sentido sin la Esperanza 
cierta de Vida Eterna en el cielo
donde                                        Cono
ceremos a Dios 
como somos conocidos por Él.

A menudo traducimos en nuestra mente, en nuestro deseo, la Vida Eterna por el
 Cielo prometido: 
    
Sí, es la Vida dichosa, vivir eternamente con Dios conociendo su inmenso Amor, 
vivir en el Corazón de Dios:
                                                
             Esa es nuestra Casa, nuestro verdadero lugar, 
                            
                       "Voy, dice el Señor, 
         a prepararos un lugar, 
junto a Mi" 

"En la casa de mi Padre hay muchas moradas, 
 voy a prepararos una morada para que donde estoy Yo estéis, también, vosotros!"


                                                                                


*Nos dice el Papa Benedicto que cuando Jesús, Nuestro Señor, sube al monte de las bienaventuranzas y se sienta para pronunciar el sermón de la montaña, está "abriendo su corazón" a la muchedumbre, a sus discípulos y a todos los que le escuchan.


Las Bienaventuranzas nos muestran el Corazón de Nuestro Señor, humilde y manso, pacífico y limpio. Él...perseguido como los profetas....que no devuelve mal por mal...sino que siempre es veraz, justo y bueno, lleno de misericordia, de sabiduría y bendición para nosotros.
 Pues, ...Plugo a Dios hacer a Cristo Jesús para nosotros:
 justicia,sabiduría,santidad y redención, 
para que en Él todos fuésemos salvos.

Dijo en efecto:

... quien posee al Hijo,

 posee también al 
 
Padre,


 y
 también: 
 
El que me recibe, recibe
 
al que me ha enviado-  
tomado de San Atanasio)



El justo, el humilde, pues, entiende muy bien las palabras de Jesús, Nuestro Señor, en el evangelio cuando dice:
      
  -«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los 
ancianos, sumos 
 sacerdotes y escribas, ser ejecutado

 y resucitar al tercer día.»

 
Y, dirigiéndose a todos, dijo: 

-«El que quiera seguirme, que se niegue a sí 

mismo,
 cargue con su cruz
 cada día y se venga conmigo. 

Pues el que quiera salvar su vida la perderá;

 pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. 

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero

si se pierde 
 o se perjudica a sí mismo?»
 Lc. 9, 22-25


Mas, ¿qué dice el malvado?,
 dice en su corazón:

No hay Dios que me pida cuentas, porque se hace la ilusión que su culpa  
no 
será descubierta ni aborrecida

sin embargo el humilde exclama:

El Señor es quien 
salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados 
y los salva
porque se acogen a él. (Sal.36)


El malvado no cree que nadie pueda aborrecer su conducta hasta el punto de condenarla, ponerla al descubierto y aborrecerla siempre. 
No escucha la Voz de Dios: Yo he establecido la rectitud, escoge el bien para que vivas, no escojas el mal porque ciertamente morirás.

Escuchar a Dios y guardar sus mandatos por la fe en Cristo, es promesa cierta de Vida

Escuchar la voz del mal, del diablo y hacer sus obras, ciertamente es camino de muerte.  
Así que escoge la Vida.

La Vida es un trayecto por el desierto de este mundo, pero no solos, sino con Dios, autor de la Vida allí donde se encuentre.

Las tribulaciones de la vida, los sufrimientos, van purificando la fe y afianzando la 
esperanza en Aquel que nos ha elegido para ser santos e inmaculados en su presencia por el Amor...y que nos ha destinado a la Vida eterna en Cristo Jesús, Señor Nuestro.

El desier
to de este mundo es el espacio espiritual de LIBERTAD para el hombre 
que Dios ha creado desde el principio. 
Allí, donde Él, Dios, ha puesto en sus manos,

las del hombre, su propio destino:

 "Escoger el bien y vivir eternamente feliz con Dios".

o.......

Escoger el mal y morir eternamente, sin la compañía de Dios,... es vivir siempre 
en las tinieblas del error y del horror, arrojado al fuego eterno de la maldad. 
Cada uno oirá del Señor: 
Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me distéis de comer......
bien¡malditos, 
........id al fuego eterno preparado 
para el diablo y sus ángeles,
porque tuve sed y no me distéis de beber, 
estuve desnudo y no......
estuve enfermo y no.....y todo lo demás....

            

Pero Dios no abandona a su criatura a la intemperie de su ser hombre, sino que en su mismo corazón ha puesto el sendero de sus mandatos y le ha mostrado un Camino 
Único y Seguro: 
Nos ha dado a Cristo Jesús, Señor 
Nuestro, como un 
HUMILDE CORDERO, 
nacido de María
Yo soy el Camino. 

Como una Luz esplendente y única:
Yo soy la Verdad. 

Como un sólo y eterno alimento que, bajando del cielo, como la lluvia que empapa la 
tierra, da la vida al mundo: 
YO SOY LA VIDA


                                                                                                                      


Para que lo entendamos bien, Cristo mismo dijo ante P. Pilatos: Sí, Yo soy Rey. Yo he venido al mundo para dar testimonio de la VERDAD.....y en otro lugar: ...pero mi reino no es de este mundo.
Cristo-Jesús nos promete el Cielo, como Dios prometió a Israel la tierra que mana leche y miel: 
El que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá la LUZ DE LA VIDA. (Jn.)

YO SOY la resurrección y la Vida, el que cree en mi no morirá para siempre,
 sino que Yo lo resucitaré en el último día.(Jn.)


Ante el Sanedrín, a la pregunta del sumo sacerdote, responde como antes Yahvéh a Moisés: 
Yo soy...

para que tu y yo no tengamos duda alguna de que Cristo-Jesús, Señor Nuestro, es 
Dios con nosotros.

Por eso 
puede prometernos el cielo como don gratuito del Padre; pero, también, 
como el lugar lógico, 
adecuado y 
auténtico dlos hijos de Dios que creen en Aquel 
que el Padre nos ha enviado 
como Mesías Salvador:
Este es mi Hijo amado, escuchadle.

....Y da pruebas de ello a Israel y a sus discípulos en todos sus milagros, en el Tabor, 
en la propia 
Resurrección.
 
La fe de Pedro, roca firme de la Iglesia en la que se apoya nuestra fe dice: 
Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo

Llenos están los evangelios  
de Palabras consoladoras de Cristo-
Jesús para todos 
los que escuchan su Voz, la Voz del Padre que 
resuena en la Vida del Hijo:

El que me ha visto a mi

 a visto al Padre.(Jn)

*Contemplemos toda su gloria, como lo señala 

San Ireneo:


Contra los herejes IV

En esto consiste precisamente la gloria del hombre, en perseverar y permanecer al servicio de Dios. Y por esta razón decía el Señor a sus discípulos: 

No sois vosotros los que me habéis elegido a mí, soy yo quien os ha elegido, dando a entender que no le glorificaban, al seguirle, sino que por seguir al Hijo de Dios, 
era éste quien los glorificaba a ellos.

Y por esto también dijo: 

Quiero que éstos estén donde estoy yo, 

para que contemplen mi gloria.(Jn).



y ¿como nos sucede esto?  

" 
Así sucede con el servir a Dios, que a Dios no le da nada, ya que Dios no tiene necesidad de los servicios humanos; él en cambio otorga la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que le siguen y sirven, con lo que beneficia a los que le sirven por el hecho de servirle, y a los que le siguen por el de seguirle, sin percibir por ello beneficio ninguno de parte de ellos: pues él es rico, perfecto y sin indigencia alguna".

Mas, todo esto que vamos diciendo, supone la fe en Cristo Jesús, en su 

Resurrección de entre los muertos.

¿Cómo creer viendo la gran
 
fragilidad de nuestra vida terrena?

 ¿Que tiene que ver la fe en Cristo 
con la vida ordinaria, 

con el ser y existir en el aquí y ahora

 de cada uno de nosotros?


....

En la misma 2ª carta a los corintios 
S. Pablo contesta y afirma:


 "Los que vivimos en tiendas suspiramos bajo ese peso ...

deseamos que lo mortal quede absorbido 
 
por la vida. 

Dios mismo nos creó para eso 
 y como garantía

 nos dio el Espíritu".





-Antes ya lo pone de manifiesto diciendo para ti y para mi, así: 

("2ªCor 4,13ss):


13 Pero teniendo aquel espíritu de fe conforme a lo que está escrito: "Creí, por eso hablé", también nosotros creemos, y por eso hablamos,14 sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante él juntamente con vosotros.

15 Y todo esto, para vuestro bien a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios. 

16 Por eso no desfallecemos. Aun cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de día en día.

17 En efecto, la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna, 18 a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles son eternas."


                                                                                                          

Por tanto es necesaria la fe para dar testimonio públicamente de lo que conviene al hombre: 
Conocer a Cristo Jesús, su pasión y muerte, creer en su Resurrección para, con la gracia de Dios, recibido el don de su Espíritu Santo, recibir de Nuestro Señor, no sólo la resurrección, sino la Vida Eterna Bienaventurada en el Cielo con toda la Jerusalén Celeste.

Es el deseo y la firme esperanza manifestada en 2Cor 5,


8 Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos
 
salir de este cuerpo para vivir con el Señor.

9 Por eso, bien en nuestro cuerpo, 

bien fuera de él, 
nos afanamos por agradarle.

10 Porque es necesario que todos nosotros seamos
 
puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, 

para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante 

su vida mortal, el bien o el mal.


11 Por tanto, conociendo el temor del Señor, 
tratamos de persuadir a los hombres, 
pues ante Dios estamos al descubierto, 
como espero que ante vuestras conciencias
 también estemos al descubierto.





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